El 5 de septiembre se celebra el Día Mundial de los Scouts, un movimiento educativo que promueve, desde hace 100 años y a través de los valores, el desarrollo de niños y jóvenes. ¿Quién lo ideó y cómo lo fundó? Un fenómeno que excede fronteras.
Una vieja historia narra la existencia de cuatro personas que se llamaban todo el mundo, alguien, cualquiera y nadie. Resulta que había que hacer un trabajo importante y todo el mundo estaba seguro de que alguien lo haría. Cualquiera podría haberlo hecho, pero nadie lo hizo. Alguien se enojó porque era una tarea de todo el mundo. Todo el mundo pensó que cualquiera podía hacerlo, pero nadie se dio cuenta de que no se haría. Al final, todo el mundo culpó a alguien, cuando nadie hizo lo que cualquiera podría haber hecho.
Lo que parece un trabalenguas es uno de los relatos de cabecera de una filosofía que, en este 2009, celebra 102 años de existencia y pregona el respeto por la naturaleza, la responsabilidad, la igualdad, el compañerismo, la consideración al prójimo, la tolerancia, el superar las adversidades y el amor por la vida. Nos referimos a los Scouts, un movimiento educativo (voluntario, apolítico, sin distinción de raza y religión) que aboga por el desarrollo de los niños y jóvenes, y los ayuda a sacar provecho de sus posibilidades físicas, intelectuales, sociales y espirituales.
Robert Baden-Powell, su fundador, lo definió como un gran juego alegre al aire libre. Decía: “Quien aún conserva su espíritu juvenil puede abocarse al placer de la aventura, adquiriendo conocimientos prácticos y aptitudes para salir adelante en cualquier circunstancia”. Pero, ¿cómo nació tal movimiento que se encuentra presente en 155 países, aúna 28 millones de miembros en todo el mundo, y contó entre sus filas a celebridades de la talla del Rey Alfonso XIII, Doña Sofía y Don Juan de Borbón, Giscard d'Estaing, Brigitte Bardot y Neil Armstrong?
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