
No es fácil ser scout, aunque muchos piensen que jugar y organizar campamentos es cosa de niños. Al contrario, cuando se tiene un cargo de importancia en el movimiento, las responsabilidades aumentan, lo que quita tiempo y se transforma en una complicación a la hora de compatibilizar la vida scout con la vida universitaria. Por ese motivo, muchos dejan el movimiento al salir del colegio.
Hay algo en lo que concuerdan todos estos eternos infantes que revitalizan semana a semana el espíritu del Jamboree: para ser scout y estudiante hay que tener autodisciplina. Es igual a como debe esforzarse quien desarrolla actividades paralelas, un deportista destacado o un músico. Hay que saber dividir los tiempos y, cuando es necesario, priorizar, pero aquello no implica dejar de cumplir en ambos.
Probablemente no se puede negar la oportunidad latente de hacerse el loco, es cierto, existe. Pero antes de hacerlo quizás el ejercicio debería ser introspectivo. Qué tanto he hecho yo para enorgullecerme por lo que soy.
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